La realidad de la migración en México y en el mundo se halla en un punto de inflexión. Según cifras presentadas en el X Encuentro Libertad por el Saber, organizado por El Colegio Nacional, alrededor de 304 millones de personas viven actualmente en un país distinto de aquel en donde nacieron. Esto representa una proporción del 3.7 por ciento de la población mundial, casi el doble que en 1990, cuando apenas alcanzaban los 150 millones.
Si bien el número de migrantes se ha duplicado en los últimos tres décadas, el porcentaje de la población mundial que vive fuera de su país de origen ha permanecido estable entre 2.9 y 4 por ciento. Por otro lado, el 96 por ciento de la población mundial continúa viviendo en el país en donde nació.
La especialista en demografía y migración, Silvia Elena Giorguli Saucedo, planteó durante su exposición en el encuentro que las políticas de criminalización, cierre de fronteras y endurecimiento de los controles migratorios no necesariamente reducen la migración. Al contrario, pueden provocar el efecto contrario: aumentar la permanencia de los migrantes, impulsar rutas más peligrosas o incrementar la población en condición irregular.
Giorguli sostuvo que las respuestas institucionales suelen ser reactivas, con poca planeación y sin una visión integral de mediano y largo plazo. Este escenario facilita la criminalización de los migrantes y el establecimiento de medidas cada vez más restrictivas.
El caso de México es un ejemplo de esto. Estados Unidos endureció sus políticas migratorias desde la década de los ochenta, con la reforma migratoria de 1986, y posteriormente reforzó muros, vigilancia fronteriza y gasto destinado al control migratorio durante los años noventa. Sin embargo, ese periodo coincidió con el mayor crecimiento de la población mexicana radicada en Estados Unidos.
Giorguli retomó los estudios del especialista Douglas Massey para explicar que las restricciones terminaron cerrando, sobre todo, la posibilidad de regresar a México. Los flujos continuaron, pero quienes ya habían cruzado permanecieron en Estados Unidos; posteriormente se consolidaron comunidades y procesos de reunificación familiar.
La especialista señaló que la población mexicana en Estados Unidos dejó de crecer posteriormente, pero vinculó ese cambio principalmente con la Gran Recesión, las deportaciones durante el gobierno de Barack Obama y la transformación demográfica experimentada por México.
La especialista también se refirió a la percepción común de que los migrantes son una carga para el gasto público y los programas sociales. Según Giorguli, esta percepción no está respaldada por la evidencia. Alrededor del 9 por ciento de la población mexicana vive fuera del territorio nacional, y la mayoría de los extranjeros que viven en Estados Unidos se encuentran de manera regular.
De los más de 50 millones de migrantes residentes en Estados Unidos, 73 por ciento cuenta con documentación: 46 por ciento son ciudadanos naturalizados, 23 por ciento residentes permanentes y otro porcentaje corresponde a residentes temporales, trabajadores con visa, visitantes o estudiantes.
Giorguli destacó además la dimensión humana de las políticas migratorias: alrededor de cinco millones de menores viven con padres indocumentados y 30 por ciento de la población indocumentada llegó a Estados Unidos hace más de 18 años.
La especialista concluyó su exposición planteando la necesidad de construir para el continente americano una gestión migratoria “humana, ordenada, segura y regular”, sustentada en evidencia y no únicamente en percepciones o discursos políticos.