México ha consolidado su posición como un hub de manufactura, con su industria aportando aproximadamente el 25% del PIB, respaldada por una fuerza laboral joven y en crecimiento, competencias técnicas y ventajas geográficas estratégicas. Sin embargo, con la competencia global en constante aumento, surge la pregunta: ¿cómo puede México maximizar el valor de las industrias en las que ya se destaca?
Un informe de Amsterdam Data Collective (ADC) sugiere que las soluciones biológicas podrían ser la clave para un crecimiento económico significativo en el país. Según el estudio, el sector de las biosoluciones podría aumentar su contribución económica en más del 135% para 2035, pasando de 5,200 millones de euros a 12,300 millones de euros, y crear más de 74,000 empleos en el país.
El verdadero potencial de las biosoluciones reside en su capacidad para fortalecer varios sectores clave, incluyendo agricultura, producción de alimentos, bioenergía y manufactura. Estas soluciones, basadas en microorganismos, enzimas y proteínas, ayudan a las industrias a producir más con menos recursos, reducir desperdicios y mejorar la productividad, aunque su impacto suele ser invisible para los consumidores.
Las biosoluciones prolongan la frescura de productos alimenticios, mejoran la eficiencia industrial, ayudan a que los detergentes funcionen a temperaturas más bajas e incrementan los rendimientos de biocombustibles a partir de insumos existentes. En resumen, ayudan a las empresas a ser más productivas, competitivas y resilientes, lo que es crucial en una era de competencia global cada vez más intensa.
A diferencia de muchas industrias emergentes, las biosoluciones no requieren construir una base económica completamente nueva, sino fortalecer sectores existentes. La competitividad no se mide solo en costos laborales, sino en innovación, productividad y resiliencia. El éxito económico futuro dependerá de mejorar continuamente la eficiencia de los sectores más fuertes del país.
En el ámbito de la manufactura, las tecnologías biológicas se están convirtiendo en una parte integral de la producción industrial. La biomanufactura ofrece la posibilidad de diversificar la producción industrial mientras fortalece las cadenas de valor existentes, creando una oportunidad para México de profundizar sus capacidades nacionales y aumentar su competitividad industrial.
En la agricultura y los sistemas alimentarios, la productividad y la eficiencia de los recursos son críticas para la soberanía alimentaria. Las biosoluciones pueden ayudar a incrementar la productividad y la sostenibilidad simultáneamente, enfrentando el desafío de la volatilidad climática y las limitaciones de recursos.
En el ámbito energético, las biosoluciones pueden contribuir a diversificar los sistemas energéticos y fortalecer la seguridad energética, lo que influye en la competitividad industrial y la atractividad para la inversión.
El informe destaca la importancia de las políticas públicas en el desarrollo de las biosoluciones. Estas soluciones pueden contribuir al Plan México, fortaleciendo la manufactura nacional, impulsando la productividad, mejorando la seguridad alimentaria, diversificando las fuentes de energía y creando empleos de alto valor.
“Las biosoluciones ya están creando valor en la economía de México, pero la oportunidad que se presenta es mucho mayor. México puede fortalecer su competitividad, crear miles de empleos, diversificar su capacidad manufacturera y posicionarse como un hub verde dentro de la bioeconomía. Este es el momento de México”, señala Ethel Fanny Laursen, Presidenta Regional para América Latina en Novonesis.