Del 3 al 18 de octubre de 2026, Guanajuato se convirtió en la cuna de la creatividad y la expresión artística con la celebración de la 54.ª edición del Festival Internacional Cervantino (FIC). Esta edición reunió a 2,746 artistas en 212 funciones que abarcaron música, danza, teatro, ópera, performance, cine y artes visuales. Francia, como país invitado de honor, contribuyó con su talento, celebrando los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y esa nación.
Organizado por el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Cultura y la Dirección General de Circuitos y Festivales Culturales, en colaboración con el Gobierno del Estado de Guanajuato, el Cervantino reafirmó su posición como uno de los eventos culturales más destacados de América Latina. Amplió significativamente la representación artística del país al incorporar presentaciones de 35 artistas de 20 entidades federativas, reflejando así una mayor diversidad cultural.
En el corazón de Guanajuato, la Alhóndiga de Granaditas fue el escenario donde la cantante Natalia Cruz y su propuesta “La istmeña, música de identidad y resistencia” cautivaron a un público numeroso. Con un repertorio que incluyó sones, chilenas y boleros, Natalia Cruz rendía homenaje a la rica cultura del Istmo de Tehuantepec, mezclando sonoridades africanas con las tradicionales de los pueblos zapotecas. Su voz privilegiada y la dirección musical de José Abraham Osorio Robles crearon un ambiente extraordinario.
El guitarrista Vladimir Ibarra ofreció una propuesta musical en el Templo de Marfil, combinando obra propia y composiciones de compositores de distintas nacionalidades. Entre las composiciones se encontraban obras del guanajuatense Javier Compeán, del compositor alemán Stefan Soewandi, y del autor galés Stephen Goss, entre otras, que fueron interpretadas con maestría, destacando la versatilidad y el profundo entendimiento de la guitarra.
La noche del Cervantino brilló con el homenaje a María Grever, a través de la cantante Denise Gutiérrez y la Orquesta Sinfónica Juvenil Vientos Musicales. La puesta en escena fue emotiva y bien recibida, destacando la trayectoria de la compositora y la interpretación de canciones como “Muñequita Linda” y “Júrame”. Esta propuesta reivindicó la vigencia y el legado musical de María Grever, quien abrió puertas a nuevas generaciones de artistas.
La Camerata de Salzburgo, reconocida internacionalmente, presentó obras clásicas junto a la violinista María Dueñas. El concierto, celebrado en el Teatro Juárez, fue un hito cultural que unió la tradición musical europea con la excelencia de una intérprete joven y talentosa.
La colaboración entre el DJ francés Hervé y la compañía de danza urbana MazelFreten en “Los Pastitos” fue un éxito. El encuentro entre la música electrónica y el movimiento corporal creó un ambiente dinámico y emocionante, en el que el público se dejó llevar por el ritmo y el encanto de la música.
La ópera-filme “La Belle et la Bête”, basada en la película de Jean Cocteau, ofreció una experiencia única que combina cine, música y canto lírico. La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, liderada por la mezzosoprano Gabriela Flores y el barítono Enrique Ángeles, interpretó con maestría los papeles principales de la historia.
La Alhóndiga de Granaditas volvió a llenarse con la presentación de la Banda de Música del Estado de Guanajuato y la Compañía de Ópera de Saltillo. La puesta en escena, dirigida por Adalberto Tovar, ofreció arias célebres de grandes compositores, culminando con el coro de los esclavos de Nabucco de Giuseppe Verdi.
El Teatro Cervantes fue el escenario de la adaptación teatral de “El canto de Edipo” por Alessandro Serra. Esta versión retoma el mito de Sófocles con un enfoque grecánico, utilizando una lengua arcaica que intensifica el dramatismo de la puesta en escena. La dirección de Serra transformó el lenguaje y la expresión corporal en recursos esenciales para reflexionar sobre la condición humana.
Las calles de Guanajuato se convirtieron en espacios de desfiles y manifestaciones artísticas que llenaron la ciudad de música, colores y emociones. El ambiente festivo se extendió más allá de los teatros y auditorios, permitiendo que habitantes y visitantes se encontraran con diversas expresiones culturales mientras recorrían los espacios emblemáticos de la capital guanajuatense.