La integración de la inteligencia artificial (IA) se está expandiendo rápidamente entre las empresas mexicanas, aunque los hallazgos recientes revelan que solo un escaso 6% de estas compañías reporta haber obtenido un beneficio económico tangible o significativo derivado del uso de estas avanzadas herramientas tecnológicas, según lo expuesto en el análisis de Endeavor Data Unit.
Este fenómeno fue examinado mediante un informe detallado titulado “Mexico AI Pulse: de adopción ad-hoc a ejecución organizacional”, elaborado con la colaboración de Xertica.ai. El estudio llevó a cabo una evaluación exhaustiva de 163 empresas mexicanas, todas ellas con un personal que supera los 50 empleados. Los datos recopilados indican que, si bien el 55% del total de compañías encuestadas utiliza la IA en sus operaciones de forma recurrente, este alto nivel de uso no se está correlacionando aún con resultados operativos sólidos.
De hecho, cuando se analiza su profundidad, los números muestran una brecha considerable: únicamente el 31.1% de las organizaciones logró demostrar una integración amplia y sistemática de la IA en sus flujos de trabajo empresariales. Peor aún, un significativo 71% simplemente no logra identificar o cuantificar un valor económico directo que esta tecnología aporta a su núcleo comercial.
“Es innegable que la IA ya ha llegado al entorno empresarial, pero todavía no se ha incorporado como parte fundamental de su arquitectura operativa real. La verdadera ventaja competitiva no residirá en cuántas herramientas sean adoptadas, sino en qué tan capaces estén las empresas de integrar estas capacidades tecnológicas con sus bases de datos, sus procesos internos, el desarrollo de su talento y los sistemas de incentivos para elevarla a una capacidad institucional duradera”, puntualizó Vincent Speranza, director general de Endeavor México.
En cuanto a la madurez digital, el Índice de Sofisticación de IA, creado por Endeavor Data Unit, colocó al ecosistema empresarial estudiado en un puntaje promedio de 45.1 puntos sobre un máximo posible de 100. Esto revela que la mitad de las organizaciones aún se encuentran estancadas en la fase inicial de “explorando”, mientras que solamente el 3% ha alcanzado el nivel de “liderando”, sin ninguna compañía superando los 80 puntos.
Los resultados detallados también señalan dónde residen sus fortalezas y debilidades. Los avances en materia de gobernanza, es decir, políticas y gestión de riesgos, obtuvieron la mejor calificación con 51.9 puntos. No obstante, esto contrasta marcadamente con su capacidad operativa de uso y adopción de IA, que solo alcanzó los 31.3 puntos.
Otro punto crítico identificado fue el manejo de información: apenas un 12% de las empresas considera disponer de una cantidad suficiente de datos de alta calidad necesarios para expandir sus soluciones avanzadas basadas en inteligencia artificial.
En términos financieros, se observa una tendencia positiva: el presupuesto asignado a iniciativas de IA ha experimentado un aumento durante el último ciclo anual en siete de cada diez negocios. Sin embargo, esta mejora no elimina la percepción del obstáculo fundamental, pues el 58% aún considera la escasez de recursos económicos como uno de los mayores impedimentos para impulsar una adopción más profunda.
Respecto a las barreras específicas, se identificaron tres desafíos principales: la preocupación por la ciberseguridad y la privacidad fue mencionada por el 64% de las empresas; en segundo lugar, la carencia de personal con el talento adecuado citó el 60.9%, y finalmente, las limitaciones presupuestarias fueron señaladas por un sólido 57.8%.
A pesar de estas múltiples restricciones, es clave destacar que un ambicioso 85% de las organizaciones reconocen en esta tecnología una enorme oportunidad para profundizar su aplicación. El reto inmediato para México, entonces, consiste en fortalecer sistemáticamente sus datos, desarrollar el talento humano y mejorar la infraestructura tecnológica, al tiempo que se consolidan políticas robustas y procesos claros para asegurar que la mera adopción de IA se traduzca finalmente en resultados económicos medibles y sostenidos.