Este hallazgo arqueológico en el Tren Maya en Quintana Roo aporta una valiosa perspectiva sobre cómo las familias mayas organizaban sus espacios domésticos y aprovechaban los recursos naturales, demostrando la antigüedad de la meliponicultura, una práctica que se remonta a aproximadamente 2 mil años.
El descubrimiento, que ocurrió en 2022 durante los trabajos arqueológicos del Tramo 5 del Tren Maya, en las inmediaciones del Parque Natural Aktun Chen, en Tulum, proporciona una imagen de cómo se organizaba el solar maya, un espacio multifuncional que combinaba vivienda, producción y aprovechamiento de recursos naturales.
Según especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la estructura probablemente data del Posclásico Tardío, entre 1200 y 1521 d.C., aunque se realizarán más análisis para precisar su antigüedad.
La relevancia del hallazgo radica en que no se trata solo de un espacio destinado a las abejas. El meliponario formaba parte de un conjunto mayor que incluía albarradas, nivelaciones, cimientos, posibles espacios habitacionales o de almacenamiento y un adoratorio, además de un cenote y una caverna. Estos elementos permiten comprender la organización del espacio y cómo se integraban diferentes actividades productivas en un mismo entorno.
“En conjunto, esto forma el solar maya. En la época prehispánica, como hoy, los mayas no solo producían o cultivaban una cosa”, explicó el arqueólogo del Centro INAH Quintana Roo, Luis Ernesto Narváez Mac.
El meliponario, por tanto, no estaba aislado de la vida cotidiana, sino integrado a una forma de organización del territorio que buscaba aprovechar distintos recursos en un mismo entorno. La estructura mide 19.5 metros de largo, 3.9 metros de ancho y 1.20 metros de alto y estaba construida con piedras calizas, presentando una disposición horizontal que permitía colocar en hileras los llamados jobones, troncos secos y huecos utilizados para criar abejas meliponas y producir miel. El conjunto contaba con un techo elaborado con materiales perecederos.
Uno de los hallazgos más significativos son 40 discos de piedra caliza y coral, de entre 10 y 20 centímetros de diámetro, que posiblemente fueron utilizados para tapar los jobones. También se localizaron fragmentos de cerámica que podrían haber pertenecido a recipientes empleados para almacenar miel.
La función de estos discos resulta especialmente relevante, ya que durante mucho tiempo se descartó que las piedras hubieran sido utilizadas como tapas de los jobones prehispánicos. Sin embargo, investigaciones recientes y la permanencia de esta práctica en algunas comunidades permiten plantear esa posibilidad.
Narváez Mac señaló que los meliponarios mantienen una tradición que se remonta a alrededor de 2 mil años y que, pese a los cambios registrados en los materiales utilizados, conserva elementos fundamentales hasta nuestros días. “En algunas comunidades se siguen utilizando las piedras, aunque en menor medida. La mayoría de los meliponarios mantienen la tradición desde hace 2,000 años, con cambios mínimos”, explicó.
La interpretación se apoya en registros históricos del siglo XVI, entre ellos los del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, que documentaron aspectos relacionados con la crianza de abejas entre los pueblos de la región. Los investigadores aún buscan confirmar algunos detalles del sitio. Se tomaron muestras de tierra que permitirán conocer las condiciones ambientales existentes en el momento en que estuvo activo el meliponario y aportar información sobre el entorno en el que se criaba la abeja Melipona beecheii.
Las muestras serán analizadas en el Laboratorio de Análisis de Suelos y Químicos, en Yucatán, mientras que los materiales cerámicos y líticos serán estudiados en laboratorios de Quintana Roo y Campeche. Una de las hipótesis que buscan comprobar los especialistas es que los discos hayan estado en contacto con cera de abeja. De confirmarse, este material funcionaría como un biomarcador que permitiría establecer con mayor certeza que fueron utilizados para cubrir los antiguos jobones.