Cuando se compara Venus y la Tierra, surge la interrogante: ¿Por qué son tan distintos? A pesar de compartir tamaño, masa y composición, y haber formado parte del mismo sector del Sistema Solar, ambas presentan marcadas diferencias. La Tierra, con su variedad de colores, vastas extensiones de agua y continentes en constante movimiento, contrasta con el infernal planeta vizcarrino, cuya superficie se mantiene a temperaturas cercanas a los 500 grados centígrados, tanto diurnas como nocturnas. Además, la geografía de Venus es radicalmente diferente a la de la Tierra, resultando en un mundo que parece ser de otro planeta.
Los científicos han dividido en dos facciones su pensamiento sobre Venus: unos que creen que es un planeta muerto, poco activo geológicamente, y otros que ven en él una fuente constante de vida. Hoy, hemos encontrado pruebas que apuntan a que Venus es un planeta geológicamente activo, aunque su observación es difícil debido a su inhóspita superficie cubierta permanentemente por nubes.
En un artículo publicado por García et al. (2026), se aborda la complejidad de comprender Venus mediante el uso de un gran modelo computacional del planeta. Este modelo representa un hito significativo en la comprensión de por qué Venus es como es. Para explicar la evolución tan opuesta de Venus y la Tierra, se propone que todo en un planeta está interconectado, desde su núcleo hasta su atmósfera y corteza.
El modelo completo del planeta se simuló desde su formación hace 4500 millones de años, cumpliendo con tres condiciones finales: una atmósfera densa, rica en dióxido de carbono y pobre en vapor de agua, y la ausencia de un campo magnético propio. Se llevaron a cabo 234.000 simulaciones, modificando parámetros como la temperatura inicial, la rigidez del manto y la presencia de elementos radioactivos en el núcleo. Solo alrededor de 800 lograron reproducir las condiciones actuales de Venus, permitiendo a los científicos descubrir secretos sobre su funcionamiento.
Los resultados revelan que Venus no es un planeta muerto, sino que ha mostrado actividad volcánica y geológica, aunque puede haber momentos en que ha parecido inactivo. Esto se refuerza con evidencias como el análisis de datos de la Magellan, que ha mostrado la presencia de coladas de lava en la superficie durante la misión.
El enigma del rejuvenecimiento de la superficie de Venus se ha abordado en el estudio. En la Tierra, la tectónica de placas, el vulcanismo y los procesos meteorológicos cambian la superficie a escala geológica. Sin embargo, en Venus, el bajo número de cráteres de impacto sugiere que algo está borrando cráteres que deberían estar presentes. Una de las teorías es el “rejuvenecimiento catastrófico”, pero los modelos no respaldan esta idea. En cambio, el rejuvenecimiento se produce de manera progresiva a través de la actividad volcánica y otros procesos en la corteza.
Un aspecto crucial es la evolución del agua en Venus. Si Venus y la Tierra nacieron con una cantidad similar de agua, ¿dónde se ha ido? El gigantesco efecto invernadero hizo que el agua en la superficie se evaporase en la atmósfera, donde la radiación solar disoció las moléculas de agua, liberando hidrógeno al espacio. Sin embargo, los modelos demuestran que el agua no se ha secado del todo, sino que se encuentra en el manto y en las rocas.
La corteza actúa como una especie de tapa a presión, retendría parte de la agua, aunque pequeñas cantidades pueden escapar a la atmósfera. Esto lleva a la teoría de la “rigidez por deshidratación”, donde el aumento en la viscosidad del manto podría provocar un apagón volcánico, marcando una etapa de transición hacia la muerte del planeta.
En el núcleo metálico de Venus, el campo magnético no existe. Esto se atribuye al manto, cuyo calor y rigidez impiden que el núcleo pueda enfrascarse lo suficiente para formar una geodinamo. Sin embargo, al menos el 80% de las simulaciones indican que Venus tuvo un fuerte campo magnético en el pasado, lo que podría comprobarse si se encuentran rocas antiguas con registros magnéticos.
Este estudio representa un paso significativo en la comprensión de Venus, abriendo el camino para futuras misiones de investigación. La Venus Orbiter Mission de la ISRO, VERITAS de la NASA y EnVision de la ESA podrían proporcionar datos que confirmen o desafíen estos modelos en las próximas décadas.