En casi 20 años, se han depositado 3,072 personas en la fosa común del Panteón San Rafael, en Ciudad Juárez, de las cuales 2,749 siguen sin identificar. Con cruces blancas, flores y alimentos, familiares de personas desaparecidas y víctimas de feminicidio reivindicaron la memoria de sus seres queridos este Día de Muertos.
Ciudad Juárez, 2 de noviembre. Las lluvias de las últimas semanas cambiaron el paisaje del Panteón San Rafael, ubicado en el kilómetro 30 de la Carretera Panamericana, en el corazón del desierto chihuahuense. Donde comúnmente hay tierra seca, hoy se observan espacios cubiertos de hierba y flores silvestres, y los visitantes recorren caminos encharcados para llegar a las tumbas de sus familiares.
A las ocho de la mañana, un camión de transporte de personal, similar al que se utiliza para trasladar a trabajadores de las maquiladoras, llegó a las afueras del panteón. De él bajaron un grupo mayoritariamente femenino, que portaban picos, palas, rastrillos, hieleras y 15 cruces blancas de madera, con leyendas como ‘Tenemos un nombre’, ‘Tengo derecho a la identidad’, ‘Tu madre te busca’, ‘Hasta encontrarles’ y ‘No me olviden’.
Se trataba de familiares de hombres y mujeres desaparecidas, así como de víctimas de feminicidio, que este Día de Muertos acudieron a visitar la fosa común, el espacio del cementerio donde se depositan los restos de personas no identificadas o de aquellas que, aunque fueron identificadas, no han sido reclamadas por sus familias, o de quienes permanecen allí porque sus familiares no cuentan con recursos para un entierro particular o han decidido que sus restos sean inhumados en ese lugar.
Bajo el lema ‘Identificar también es buscar’, las familias buscan honrar la memoria de las más de 3,000 personas sepultadas en la fosa común de Ciudad Juárez y recordar que cada una tiene un nombre, un rostro, una familia y una historia que merece ser dignificada.
Alrededor de las diez de la mañana, las familias formaron una fila detrás de las sillas colocadas para la misa católica en honor a los fieles difuntos, mientras esperaban a que el sacerdote Armando Benavides bendijera las cruces que llevarían hasta la fosa. Posteriormente, madres, hermanas, padres y sobrinos iniciaron el recorrido hacia uno de los extremos del panteón, con las cruces al hombro, en una especie de viacrucis improvisado que atraviesa la multitud que a esa hora ya ocupa buena parte del cementerio, mientras a su lado avanzaban periodistas y detrás un par de motonetas de paramédicos.
Una vez en la fosa, frente a las tumbas apenas identificadas con una estaca con las letras ‘SIEC’ (Sistema de Ingreso y Egreso de Cadáveres), las familias rastrillaron la tierra, quitaron la hierba y escarbaban para colocar las cruces blancas; luego acomodaron flores de plástico y compartieron allí sus alimentos, como es costumbre en quienes visitan a sus familiares muertos.
Acompañadas por el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, organización que brinda acompañamiento a familias de personas desaparecidas y a sobrevivientes de tortura en Ciudad Juárez, las familias leyeron un pronunciamiento en el que exigieron procesos de identificación más eficientes ante la crisis forense que enfrenta el país, y reivindicaron la dignidad y la memoria de quienes están en la fosa común.
“Ante la magnitud de esta problemática, resulta impostergable que las autoridades competentes asuman su responsabilidad con celeridad y compromiso. Es urgente la implementación de estrategias forenses efectivas, la articulación de un trabajo verdaderamente coordinado entre las distintas instituciones y la asignación prioritaria de recursos humanos, técnicos y financieros para revertir el rezago en materia de identificación”, señaló Leyver Montejo, abogado de la organización.
Las familias también señalaron que no puede hablarse de justicia mientras miles de cuerpos permanezcan en fosas oficiales y recordaron que su búsqueda sigue enfocada en encontrar con vida a sus hijos y familiares. “Venimos a nombrar la ausencia, a defender la memoria colectiva y a acompañar a las miles de personas que yacen en este sitio en el anonimato. Ellas y ellos tienen una historia, una familia que no ha dejado de esperarles, un rostro y un nombre que nadie tiene derecho a borrar. Quienes están aquí sepultados no son cifras ni registros en un expediente; son los hijos, hermanas, padres y madres de alguien. Por eso hoy lo decimos con toda la fuerza: identificar también es buscar”, dijeron.
De acuerdo con información de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua, a través de la Dirección de Servicios Periciales, entre el 1 de enero de 2007 y el 15 de septiembre de 2026, un total de 3,072 personas fueron inhumadas en la fosa común del Panteón Municipal San Rafael, de las cuales 2,749 permanecen sin identificar y 323 han sido identificadas. Los restos corresponden a personas localizadas en la Zona Norte del estado, que comprende los municipios de Juárez, Ahumada, Guadalupe, Práxedis, Janos y Ascensión. Sin embargo, gran parte fueron encontrados en Ciudad Juárez: 3,048, mientras que los demás corresponden a Ahumada, Guadalupe y Práxedis, con ocho personas cada uno.
La mayoría de quienes permanecen en este espacio son hombres. De acuerdo con los registros de la Fiscalía, 2,715 corresponden al género masculino, 252 al femenino y 105 están clasificados como indeterminados. El registro abarca casi dos décadas, desde 2007, año en que, según la información oficial, se formalizó el funcionamiento del Servicio Médico Forense (Semefo) en Chihuahua, con instalaciones propias y métodos de registro sistematizado para el manejo de estos datos. En ese periodo, 2016 fue el año con más inhumaciones, con 238 personas, así como el año en el que se registró el mayor número de identificaciones, con 59.
A pesar de que las tumbas apenas son identificables y el espacio permanece con basura y maleza, la Fiscalía señaló, en respuesta a la solicitud de información 080139726000624, que el término ‘fosa común’ es actualmente considerado obsoleto y que la denominación utilizada por la institución es ‘fosa digna’. La dependencia explicó que cada cadáver es inhumado de manera individual, dentro de una bolsa mortuoria y un cajón de madera, y agregó que la bolsa contiene un identificador con el número de SIEC, un control interno para confirmar la identidad de los restos en caso de una exhumación. Sin embargo, tanto los señalamientos como el mapa ubicado en la entrada principal del panteón, que delimita los distintos sectores del cementerio, siguen identificando el lugar como fosa común, y ese es, también, el nombre con el que lo conoce la mayoría de la población.