Recién llegado de su travesía norteamericana en Los Ángeles, donde pasó el periodo estival junto a su esposa, la comunicadora gallega Patricia Pardo, con el propósito de filmar un par de adaptaciones estadounidenses del formato televisivo ‘El Rosco’, el autor y presentador Christian Gálvez, nacido en Móstoles en 1980, ha convertido a Galicia en su segundo hogar y reconoce sentir morriña por la imposibilidad de haber viajado hasta allí durante estas vacaciones. El próximo viernes 11 de septiembre, el madrileño estará presente en el Club FARO para presentar su obra literaria ‘He vencido al mundo’, la segunda entrega de su ambiciosa secuencia de novelas centrada en los orígenes del cristianismo.
Al abordar la Pasión de Jesús cubriendo los vacíos narrativos que los textos sagrados omiten, surge la duda de cuál fue el pasaje que mayor respeto le causó plasmar. Según explica, el desafío más intimidante se centra en la conclusión del tercer volumen de la serie, un manuscrito en plena fase de redacción que verá la luz el próximo año. El relato de los ‘Hechos de los apóstoles’, la continuación del Evangelio atribuido a Lucas, finaliza de manera precisa en el instante en que Pablo de Tarso alcanza la capital italiana y ejerce su predicción con absoluta normalidad. No obstante, resulta evidente que la realidad histórica difiere, dando paso a acontecimientos tan trágicos como el incendio provocado por Nerón, la consiguiente persecución a los creyentes y las ejecuciones de Pablo y Pedro. El interrogante principal radica en los motivos que llevaron a Lucas a silenciar tales sucesos, a pesar de iniciar su redacción en torno al año 70, ocurriendo los hechos en el 64, lo que convierte esta parte en la más compleja de desarrollar.
De este modo, la tercera parte de esta saga sobre la figura de Jesús busca esclarecer si las bases del cristianismo durante el primer siglo se sustentaron sobre la firmeza de Pedro, el discurso de Pablo o, de forma determinante, sobre los restos mortales de los innumerables fieles martirizados durante el mandato neroniano y los periodos posteriores.
Centrando la atención en la novela actualmente en fase de promoción, ‘He vencido al mundo’, cabe cuestionar si existió algún fragmento redactado que posteriormente decidiera descartar por considerar que reflejaba en exceso la impronta personal de Christian Gálvez en detrimento de la figura histórica o el testimonio original. Desde una perspectiva puramente narrativa, el instante en que Jesús pronuncia un simple “Buenos días, mamá” o María responde con un “Gracias, hijo” ya entra en el terreno de lo apócrifo. Las escrituras bíblicas apenas recogen intervenciones de la madre de Jesús, limitándose a dos momentos concretos dentro del Evangelio de Lucas. Al dotar de humanidad a la trama, el autor se adentra en terrenos ajenos al canon estricto, buscando construir una narración emotiva apoyada en sus propias vivencias. En la caracterización de María, eje central del libro junto a la figura de Judas, la inspiración principal provino de su propia esposa, a quien define como una madre devota, permitiéndole canalizar sentimientos profundos de pérdida y nostalgia. Un fenómeno similar ocurre con Judas, recordando que la condición humana transita por las distintas vivencias de los apóstoles: la negación propia de Pedro, el escepticismo de Tomás, la lealtad inquebrantable de Juan y, de un modo u otro, la traición que todos encarnamos o padecemos en algún momento de la existencia.
Ante las discrepancias halladas entre los diferentes textos bíblicos, como sucede específicamente en relación al fallecimiento de Judas, el criterio de selección aplicado resulta claro. Al igual que en la primera novela de la saga, titulada ‘Te he llamado por tu nombre’, la figura de Lucas fue escogida no solo como pilar documental, sino como un personaje histórico de gran relevancia. Su perfil destaca por ser el único de los cuatro evangelistas que redactó su obra con una vocación universalista, careciendo de origen judío y proviniendo en su lugar del politeísmo helénico. Su conversión al nazareno se gestó a través de los sermones de Pablo de Tarso, un antiguo perseguidor de creyentes, añadiendo complejidad al trasfondo histórico. Además, su condición de médico fusionaba la ciencia y la fe bajo una labor de cronista que investigaba directamente en los escenarios de los acontecimientos para estructurarlos de forma cronológica, convirtiendo su evangelio en una fuente sumamente completa y veraz que incluso matiza el relato tradicional del ahorcamiento de Judas.
Al calificar al evangelista como un investigador de métodos casi periodísticos, surge la duda de si sus escritos superarían un control contemporáneo de contraste de datos. La respuesta es afirmativa, encontrando paralelismos en el ámbito del análisis bíblico a través de la teoría de la triple tradición y la hipotética fuente Q de la que abrevaron Mateo, Marcos y Juan, siendo el texto de Lucas una evolución corregida de estas mismas bases.
Al introducir el concepto de “democratizar la culpa” en referencia a Judas, se plantea si esto podría desvirtuar la responsabilidad individual del personaje. La contestación niega tal extremo, invitando a reflexionar sobre quién, entre los seguidores, no llegó a apartarse de la figura central en los momentos críticos: Pedro niega los hechos, Tomás manifiesta incredulidad ante la resurrección y el resto de los discípulos optan por la huida, con la única excepción de Juan y las mujeres presentes al pie de la cruz. De los doce apóstoles, once terminan fallando, esquivando o entregando al maestro en mayor o menor grado. Asimismo, los textos recuerdan que la advertencia de Jesús señalaba que uno de ellos lo entregaría, anticipando en repetidas ocasiones la necesidad de su rol como instrumento previsto. Profundizar en las motivaciones de Judas exige superar los tópicos habituales sobre su supuesta decepción ante la falta de un levantamiento militar contra el poder romano, optando en su lugar por una aproximación humana al sufrimiento y a la necesidad vital.
Este enfoque del personaje de Judas entronca directamente con la exigencia contemporánea de comprensión y indulgencia hacia el error ajeno, un principio fundamental en el mensaje evangélico. En la misma línea, figuras como el Papa Benedicto XVI ya instaron en su momento a replantearse esta figura, recordando que el núcleo del mensaje de Jesús gira en torno al afecto, la clemencia, la capacidad de disculpar y la disposición al arrepentimiento como partes integrantes del vínculo con el prójimo.
Ciertas valoraciones críticas sitúan la obra dentro de los márgenes de la ficción de carácter religioso más que en la novela histórica pura. Ante esta distinción, el autor la define como una ficción histórica sustentada en un marco religioso, basada en hechos reales para los creyentes y tratada como un relato apócrifo derivado de otro texto de ficción para quienes no lo son.
En cuanto a la figura de María, el objetivo principal residió en retratarla no con la distancia formal que implica el término madre, sino desde la cercanía de la maternidad cotidiana y terrenal, utilizando un paralelismo con la forma en que el propio Jesús transformó la manera de nombrar a la divinidad, sustituyendo las fórmulas tradicionales del Antiguo Testamento por la cercanía de la palabra Abba.
La experiencia de la paternidad resultó un factor determinante en la concepción de la obra. El propio autor admite que no habría abordado el perfil de María ni el del propio Jesús de la misma manera antes de tener hijos, ya que esta vivencia personal potenció su interés por el Evangelio de Lucas y su atención hacia los sectores más vulnerables y desatendidos de la sociedad, abarcando no solo a enfermos y necesitados, sino también a las mujeres y a los infantes de aquella época.
Intentar comprender los actos de una madre en tales circunstancias sin proyectar la mentalidad del siglo XXI sobre los hechos del siglo I representa un ejercicio complejo. A este respecto, recurre a un refrán hebreo que señala la imposibilidad de la divinidad para abarcarlo todo de manera directa, motivo por el cual existieron las madres. Desde su perspectiva de creyente, considera que María fue escogida por poseer la fortaleza necesaria para soportar no únicamente el deceso, sino la humillación pública de su hijo en cumplimiento de una voluntad superior que ella aceptó sin reservas.
Respecto a la evolución de su labor literaria, si con la primera novela el propósito declarado consistía meramente en entretener sin buscar la evangelización, el enfoque actual reconoce un giro hacia la transmisión de la trascendencia. Sin pretensiones de adoctrinamiento, el transcurso de los años ha transformado su vivencia personal de la fe, entendiendo que el entretenimiento inicial funcionaba como el paso previo indispensable para dar a conocer el trasfondo histórico de los relatos y su mensaje central.
El deseo principal respecto a los lectores alejados de las creencias religiosas es que el volumen fomente la reflexión sobre la existencia, el sentido trascendental de la vida y la determinación necesaria para cumplir con los propósitos personales. La trayectoria de Jesús se interpreta en clave de sacrificio voluntario y perseverancia en busca de un objetivo elevado, renunciando de manera consciente a aquello que no aporta valor a dicha misión.
Si bien la campaña editorial destaca el sacrificio como concepto nuclear, complementado por la misericordia y sintetizado en el amor, la emoción principal que se pretende evocar varía según el personaje: el afecto en el caso de Jesús, el respaldo inquebrantable en el de María y la clemencia y el perdón en el de Judas, siendo este último término el que mejor englobaría el sentido global de la publicación.
El proceso personal que llevó al autor a recuperar sus convicciones religiosas incluyó un desplazamiento a Jerusalén junto a su pareja y su posterior bautismo en las aguas del río Jordán. A pesar de haber mencionado vivencias extraordinarias que consolidaron su certeza de fe sin haberlos hecho públicos en su totalidad, considera innecesario relatar dichas experiencias con ánimo proselitista, aplicando la máxima evangélica de la discreción ante los acontecimientos espirituales más íntimos hasta que llegue el momento adecuado.
Establecer la frontera entre una vivencia interior transformadora y una evidencia demostrable para convocar a terceros depende fundamentalmente de la predisposición individual de cada persona para aceptar aquello que se le comunica.
Mirando hacia proyectos futuros, y a pesar de la estrecha vinculación emocional y personal que mantiene con Galicia —territorio al que define reiteradamente como su segundo hogar—, aún no existe un argumento definido sobre la mesa, aunque no descarta incorporar elementos de su entorno gallego en futuras publicaciones de carácter contemporáneo. Aunque figuras históricas como María Pita le resultan sumamente atractivas para la ficción, prefiere descartar temas cuando considera que otros autores ya han cubierto el terreno con excelencia, un criterio similar al que aplicó en su etapa de novelas históricas sobre el Renacimiento para evitar la redundancia literaria.