Caminar por los pasillos del Maravilla Studios es como entrar en un laberinto donde la realidad se distorsiona, donde Radiohead se encarga de poner el manto sonoro que te envuelve de inmediato. La tradición de ir en fila se rompe, pues Radiohead’s Motion Picture House ha llegado a la Ciudad de México para revolucionar la experiencia sensorial, sacudiendo tu percepción y dejándote con la piel de gallina.
La música espacial se transforma en un viaje psicodélico sin asientos asignados ni una ruta fija. Aquí uno camina, se pierde y se deja llevar por un camino que reproduce las canciones originales de Kid A y Amnesiac. Incluso después de escucharlos cientos de veces, estos discos siguen siendo capaces de sorprender.
La experiencia tiene algo de pesadilla, pero de esas que no quieres que termine. Por momentos inquieta y hasta asusta; luego aparece la nostalgia y, cuando menos lo esperas, dan ganas de bailar en plena penumbra. Las imágenes, los sonidos y las criaturas creadas por Stanley Donwood parecen acechar entre los pasillos. El monstruo, eso sí, no viene por ti… llega acompañado de una buena dosis de Radiohead.
Tras recorrer pinturas, bocetos y collages realizados por Thom Yorke y Donwood durante aquellas sesiones de grabación, llegamos al plato fuerte con un largometraje inmersivo de 75 minutos que lleva este universo a una experiencia audiovisual.
Conversamos con Matthew Davis, una de las figuras clave como productor audiovisual, para conocer cómo un proyecto pensado como exposición terminó convertido en algo que puede recorrerse muy por dentro.
Al recordar los orígenes y el reto de recuperar el material más de dos décadas después, Davis explicó que la pandemia obligó a replantear los planes:
Originalmente comenzó como una idea para una exhibición en la vida real en 2019 para celebrar los 20 años de Kid A y Amnesiac… pero el COVID destruyó eso. Eso nos impulsó a nosotros como diseñadores. El desafío para Sean Evans, el director creativo, y para Thom y Stanley fue: ‘¿Cómo tomamos todo este material y lo convertimos en algo que pueda caminar?'”, señaló.
Lo que comenzó como una exposición se convirtió en un videojuego interactivo durante el confinamiento y, finalmente, en la experiencia inmersiva que hoy puede visitarse en la CDMX. El reto consistía en ordenar un universo de imágenes, sonidos e ideas sin quitarle el caos que lo vuelve tan particular.
¿Y cómo evitar que semejante revoltijo terminara en desastre? Davis lo resumió sin rodeos:
El mayor reto creativo fue no arruinarlo. Creo que ese era el gran desafío, porque sí, todo podía irse al demonio muy rápido. Había muchísimo material y el reto era crear coherencia dentro de todo eso”, confesó entre risas.
La música cumple un papel central. No se trata sólo de escuchar los álbumes a todo volumen, sino de descubrir detalles que quizá habían pasado inadvertidos, incluso después de años de tenerlos en rotación.
Ciertamente, escuchas cosas ahí que nunca antes habías escuchado. Incluso si ves esta pieza diez mil veces, sigues notando pequeños detalles… El feedback que logramos en esta casa musical simplemente te atrapa, te da un paso más allá”, explicó.
Para Davis, la instalación no busca cambiar la forma en que recordamos Kid A y Amnesiac, sino invitarnos a escucharlos desde otro ángulo:
“Es como un prisma, estás mirando el álbum desde un ángulo diferente… Redescubrirlo y que al mismo tiempo sea una nueva experiencia, verlo nacer de nuevo por primera vez. Es muy emotivo, a la gente se le salen las lágrimas”, concluyó.
Motion Picture House no es sólo un viaje para nostálgicos ni una excusa para volver a escuchar dos discos fundamentales de Radiohead, sino que es una oportunidad para perderse en ellos otra vez.