A partir del próximo 10 de septiembre de 2026, el prestigioso Museo de Antropología de Xalapa albergará por primera ocasión desde el año 1988 los vestigios arqueológicos recuperados en el cerro El Manatí, los cuales se exhibirán junto a colecciones provenientes de La Merced y El Macayal. Esta magna muestra temporal, titulada Señores del agua, espacios sagrados olmecas, integrará un total de 90 piezas históricas y se mantendrá abierta al público durante un periodo de un año como parte central de los festejos por el septuagésimo aniversario del recinto cultural.
La realización de este proyecto cultural ha sido posible gracias a la coordinación entre el Centro INAH Veracruz y la propia Universidad Veracruzana. Asimismo, la curaduría de la exhibición se encuentra a cargo de los especialistas en arqueología Carmen Rodríguez Martínez y Ponciano Ortiz Ceballos, quienes han encabezado las labores del proyecto investigativo El Manatí-La Merced. El itinerario museográfico tiene como propósito fundamental ilustrar a los visitantes sobre la compleja cosmovisión y los ritos sagrados practicados por la civilización olmeca hace aproximadamente 3,700 años.
Los antecedentes de este descubrimiento se remontan al mes de febrero de 1988, momento en el cual ambos especialistas se trasladaron hacia una zona situada en la cuenca baja del río Coatzacoalcos, específicamente dentro de los límites del municipio de Hidalgotitlán. Su viaje respondió a los avisos emitidos por los pobladores locales respecto a la aparición de diversos vestigios en los manantiales localizados en las faldas del cerro El Manatí.
Durante el desarrollo de dos etapas de excavación en el terreno, los expertos instalaron un sistema de desagüe que les permitió descubrir esculturas de madera en forma de busto, recipientes de cerámica, herramientas de piedra pulida, esferas de caucho, diversos tipos de semillas y osamentas pertenecientes a menores de edad. Todos estos artefactos formaban parte de ofrendas rituales depositadas en el sitio en un lapso comprendido entre los años 1700 y 900 antes de nuestra era, y algunos de estos elementos histórico-culturales podrán apreciarse mediante reconstrucciones digitales en tercera dimensión durante el evento.
Las primeras ofrendas fueron depositadas en un intervalo que va de 1700 a 1500 a.C. entre formaciones rocosas trabajadas. En este conjunto destacan frutos y semillas de especies como diablo, calabaza, jobo, guanábana, nanche y coapinole, además de fragmentos de recipientes de barro con huellas de cacao, así como hachas y cuentas fabricadas en jadeíta que proceden originariamente del valle de Motagua, ubicado en territorio guatemalteco.
Entre los vestigios que conservan un mejor estado sobresalen 15 pelotas elaboradas con hule natural. Del total, media docena formaba parte de los estratos más antiguos, con perímetros que oscilan entre los 33 y los 10 centímetros, y se ha preparado una réplica exacta para que forme parte del recorrido oficial dentro del Museo de Antropología de Xalapa.
Posteriormente, en el periodo que abarca de 1500 a 1200 a.C., se depositaron nuevos tributos sobre un estrato compuesto de arcilla con limo. Durante esta fase temporal, los arqueólogos recuperaron exclusivamente hachas de piedra, las cuales se encontraban colocadas ya sea de manera individual, en parejas o formando arreglos geométricos con apariencia floral.
La fase final de ofrendas, datada entre los años 1200 y 900 a.C., estuvo integrada por 20 esculturas antropomorfas talladas en madera de árboles como la ceiba y el jobo. Estas piezas estaban recubiertas con hematita especular o se acompañaban de fragmentos de dicho compuesto mineral; adicionalmente, algunas portaban cetros de mando, arreglos florales y restos óseos infantiles, con predominio de mandíbulas y huesos largos.
De acuerdo con las declaraciones de la investigadora Rodríguez Martínez, los estudios arqueológicos facilitaron la comprensión de diversas facetas de la espiritualidad olmeca, particularmente las relacionadas con la veneración a las montañas sagradas, los manantiales naturales, las vetas de hematita y los mantos acuíferos de la zona. Por su parte, el especialista Ortiz Ceballos recalcó que los depósitos ceremoniales hallados en El Manatí, La Merced y El Macayal cumplían la función ritual de asegurar la continuidad biológica y preservar el equilibrio cósmico de la sociedad, una profunda carga simbólica que, según los expertos, todavía sobrevive en ciertas comunidades indígenas contemporáneas.