En un intento por abordar el problema de la dependencia de los celulares en los jóvenes, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha tomado la decisión de prohíbir el uso de estos dispositivos durante la jornada escolar a partir del próximo 3 de noviembre. La medida, que se extiende a los alumnos de primaria y secundaria, ha generado diversas reacciones entre los padres y maestros, algunos de los cuales la consideran necesaria, mientras que otros se preguntan si esto realmente va a resolver el problema.
La realidad es que los celulares se han convertido en una parte integral de la vida de los niños y los adultos, al punto de que se han convertido en una “niñera perfecta” que entretiene a los niños durante horas sin que los padres tengan que preocuparse por ellos. Sin embargo, este acceso ilimitado a la tecnología también ha llevado a una dependencia en la que los niños se sienten incomodos sin su teléfono y los padres se aprovechan de esta situación para disfrutar de un rato de tranquilidad.
El problema radica en que esta dependencia no solo afecta a los niños, sino que también influye en su rendimiento académico. Según los resultados de la prueba PISA, México se encuentra por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias. Un dato preocupante es que uno de cada cuatro estudiantes mexicanos reconoció distraerse en clase utilizando dispositivos digitales.
A pesar de que la decisión de suspender el uso de los celulares en la escuela puede ser una buena oportunidad para abordar este problema, la pregunta que se plantea es si esto realmente va a resolver el problema. La escuela podrá impedir que un alumno revise TikTok en Matemáticas o que pase el recreo viendo una pantalla, pero difícilmente podrá competir si al llegar a casa vuelve a tener el teléfono durante cuatro, cinco o seis horas sin supervisión.
La responsabilidad de abordar este problema no solo recae en la escuela, sino también en los padres y las familias. Es importante que comprendan que la prohibición en la escuela no es suficiente si no se cambia la forma en que se utilizan los celulares en la casa. Los padres deben participar activamente en la educación de sus hijos y limitar su acceso a la tecnología de manera responsable.
La medida de prohibir el uso de los celulares en la escuela puede ser un paso en la dirección correcta, siempre y cuando se extienda a la casa y los padres también se involucren en la solución del problema. Al menos durante unas horas, los niños podrán regresar a disfrutar de los recreos como antes, hablando, corriendo, jugando y resolviendo problemas sin necesidad de una pantalla.