Un máximo de entre 85.000 y 100.000 pacientes con alzhéimer en fase inicial podrían ser candidatos a recibir el lecanemab y el donanemab, los fármacos que ralentizan la progresión de la enfermedad. Sin embargo, estos pacientes no tienen acceso a ellos debido a la falta de voluntad política para financiarlos. Esto es lo que aseguran destacados especialistas como el neurólogo Juan Fortea, director de la Unidad de Memoria del Servicio de Neurología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona.
Fortea explica que para acceder a estos fármacos, los pacientes deben cumplir con criterios clínicos muy estrictos, como no poseer más de una copia del gen APOE4 o no haber tenido más de cuatro microhemorragias cerebrales. “No somos tantos, pero no hay voluntad política”, denuncia Eduard Rodríguez, un paciente con alzhéimer en fase inicial de 69 años. “Es vergonzoso que dos medicamentos de vital importancia para nosotros no se financien”, añade.
La falta de financiación para estos fármacos es un problema que se repite en toda Europa. Francia, Holanda y Escocia también se han negado a financiarlos, aunque Inglaterra está reevaluando su decisión. En Alemania, el fármaco se está administrando en la sanidad pública, pero el proceso de negociación de la financiación es diferente.
El doctor Fortea insiste en que financiar estos fármacos es más coste-efectivo que dejar a los pacientes a su suerte. “Hay muchísimos costes indirectos que las administraciones no están contando. Por ejemplo, los costes de los cuidadores, que son tremendos y que asumen de forma desproporcionada las mujeres”.
La decisión de no financiar estos fármacos también genera desigualdad en la salud. “Me parece mal que, habiendo esta posibilidad, se den estos fármacos de manera privada. Esto genera una barrera entre personas de diferentes poderes adquisitivos. Se tiene que repensar”, opina Xavier Montalban, director médico de Ace Alzheimer Center Barcelona.
Los pacientes con alzhéimer en fase inicial están dispuestos a hacer lo que sea necesario para acceder a estos fármacos. “No habrá un tsunami de pacientes”, asegura el doctor Fortea. “Pero es hora de que el Estado se tome su responsabilidad y financie estos tratamientos”.
La situación actual es un recordatorio de la falta de voluntad política para abordar la enfermedad del alzhéimer de manera efectiva. “Es la misma sensación que tendría un enfermo con cáncer al que no le dieran quimioterapia”, señala Montserrat, esposa de Eduard. “Es mucho más caro mantener a enfermos con alzhéimer en fases avanzadas”, insisten.
El alzhéimer es una enfermedad mortal y sin cobertura pública. Es hora de que el Estado se tome su responsabilidad y financie estos tratamientos. “No somos tantos, pero no hay voluntad política”, repite el doctor Fortea. “Es hora de que el Estado se tome su responsabilidad y financie estos tratamientos”.