En 1962, Los Supersónicos dibujaron una visión futurista de 2062, que incluía autos voladores, comida automática y asistentes domésticos robotizados. A pesar de que quedan 36 años para esa fecha, podemos identificar algunos de esos pronósticos. Las videollamadas se han convertido en un elemento tan cotidiano que pasamos por alto, mientras que los autos voladores y las criadas robotizadas siguen en desarrollo.
Lo más interesante de estas predicciones, sin embargo, es la dirección en la que han evolucionado las tecnologías. En lugar de que las máquinas se dediquen a realizar tareas manuales mientras los humanos se encargan de la creatividad, hoy vemos cómo las máquinas toman sobre sí responsabilidades que antes se consideraban puramente humanas. Los robots redactan contratos, traducen textos y programan software, mientras que doblar ropa sigue siendo un reto para los sistemas más avanzados. Esto refleja la paradoja de Moravec, en la que las tareas que parecen más complejas para los humanos son más fáciles para las máquinas, y al revés.
En 2018, analicé los puntos de inflexión tecnológicos que podrían transformar la realidad. En ese entonces, identifiqué veinte tendencias clave. Ocho años después, es necesario revisarlas para evaluar cuáles se han cumplido y cuáles no. Una de estas tendencias fue la conversación con inteligencias artificiales, que se ha hecho realidad a través de sistemas que no existían en 2018. Aunque la idea de que algunas personas considerarían a estas inteligencias como amigos cercanos se ha concretado, no se ha hecho a través de plataformas como Alexa o Siri.
Otra predicción fue la transformación de profesiones cognitivas. Sugerí que abogados, contadores y auditores verían grandes cambios en su trabajo. Esta transformación ha llegado, aunque no de la manera en que anticipábamos. Los primeros afectados han sido traductores, ilustradores, redactores y programadores principiantes, pero la disminución del desempleo general ha sido menor de lo previsto. Se ha observado más la coexistencia de sustitución, complementariedad y nuevas ocupaciones.
Además, se pronosticó que las cadenas productivas se relocalizarían. En 2018, anticipé que buena parte del offshoring se convertiría en nearshoring, y hoy México es el principal socio comercial de Estados Unidos, fabricando una parte significativa de los servidores para sus centros de datos de inteligencia artificial. También se esperaba un avance en vehículos autónomos, pero la adopción a gran escala no se ha materializado, al menos no en la fecha prevista.
La impresión 3D fue otra tecnología prometida, pero no ha revolucionado la manufactura como se esperaba. En cambio, encontró aplicaciones en prototipos, odontología y la industria aeroespacial, pero no ha transformado la producción en general.
En 2018, también hablé de la blockchain como una tecnología revolucionaria. Sin embargo, su uso se ha concentrado en activos especulativos y pagos con monedas estables, alejándose de la adopción masiva y el registro universal que se esperaba.
El error más significativo, según señala el análisis, no es tanto el no prever ciertas tecnologías, sino el no anticipar las consecuencias estructurales de estas innovaciones. Las grandes corporaciones y laboratorios han concentrado el poder tecnológico, y los semiconductores han convertido en una cuestión de seguridad nacional.
La lección más importante es que las tendencias tecnológicas se basan en fuerzas estructurales como la caída de costos, incentivos económicos y acumulación de conocimiento, mientras que las fechas y los productos dependen de factores como la regulación, la infraestructura y la adopción social. Los errores en las predicciones a corto plazo se han visto subestimados, y los a largo plazo, sobreestimados.
En la visión futura, es crucial reconocer que las tecnologías no determinan por sí mismas el reparto del poder. La innovación se orienta por las instituciones existentes, y el progreso tecnológico no garantiza por sí solo una prosperidad compartida. La fuerza dominante en el mundo digital es determinada por las instituciones que no hemos construido a tiempo.
Por lo tanto, en las próximas secciones, se explorarán las tendencias y mecanismos, no fechas ni aparatos concretos. Se buscará distinguir entre lo que sabemos, lo probable y lo que desconocemos. La clave para México y el sur global no es prever cuál producto llegará en 2030, sino garantizar que nuestras instituciones estén preparadas para las tendencias ya visibles.
Un enfoque tecnológico moderno debe poder abandonar instrumentos que no funcionan sin comprometer sus objetivos. El éxito de las plataformas de innovación abierta dependerá de la capacidad para generar soluciones y valor para sus creadores y comunidades.
El futuro no llega como lo imaginamos, pero suele tener la fuerza que anticipamos. Es crucial reconocerlo a tiempo y corregir el rumbo. Las máquinas que piensan están aquí, y sus implicaciones requieren un análisis profundo y una preparación adecuada.