La disfunción eréctil puede estar asociada con problemas de salud como la diabetes, la hipertensión o las enfermedades cardiovasculares, por lo que su persistencia requiere una evaluación médica.
Si un hombre experimenta dificultades para mantener la erección, puede atribuirlo a factores como el estrés, el cansancio o problemas en la relación con su pareja. Sin embargo, si el problema persiste, se recomienda revisar los niveles de presión arterial, glucosa y salud cardiovascular. En algunos casos, las dificultades sexuales pueden ser un indicador de alteraciones que aún no han sido diagnosticadas.
Una dificultad ocasional no implica necesariamente diabetes o enfermedad del corazón. La disfunción eréctil tiene diversas causas, combinando factores físicos y emocionales, por lo que requiere una revisión exhaustiva.
Rafael Velázquez, especialista de Boston Medical Hospital, explica que la disfunción eréctil puede ser un síntoma de problemas cardíacos, niveles de colesterol alto, diabetes o hipertensión.
¿Cómo se relaciona la erección con la salud cardiovascular?
Para lograr una erección, los nervios y los vasos sanguíneos deben responder de manera coordinada, permitiendo que llegue suficiente sangre al pene. Las enfermedades que afectan la circulación o las señales nerviosas pueden dificultar esta respuesta, incluso si hay deseo sexual.
El Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos incluye entre las causas de disfunción eréctil la diabetes, la hipertensión y la aterosclerosis, una enfermedad en la que se acumula placa en las arterias. También pueden intervenir alteraciones hormonales, ciertos medicamentos y problemas emocionales.
La conexión cardiovascular es relevante, ya que en algunos hombres, las dificultades de erección pueden manifestarse años antes de que se presente una enfermedad cardiovascular clínicamente. Un análisis del Colegio Estadounidense de Cardiología destaca el valor de la disfunción eréctil como marcador de riesgo y la importancia de evaluar la salud cardiovascular en estos pacientes.
Es una oportunidad para investigar, no una predicción de un infarto. El riesgo depende también de la edad, los antecedentes, el tabaquismo y otras condiciones.
La diabetes puede dañar los vasos sanguíneos y los nervios implicados en la respuesta sexual, por lo que el problema puede afectar tanto la llegada de sangre como la transmisión de las señales necesarias para conseguir una erección.
Algunas personas con diabetes tipo 2 pueden desarrollar alteraciones vasculares o nerviosas antes de que se diagonalice la enfermedad, por lo que una consulta por dificultades sexuales puede motivar una evaluación metabólica.
No obstante, tener diabetes no significa que inevitablemente se perderá la función eréctil. Controlar la enfermedad ayuda a prevenir daños que pueden afectar la salud sexual.
Las causas físicas y emocionales no siempre aparecen de manera separada. Una dificultad de erección puede generar preocupación por que vuelva a ocurrir, y esa ansiedad puede complicar futuros encuentros sexuales.
"No necesariamente hay solo una disfunción eréctil orgánica o sólo una disfunción eréctil psicológica", señala Velázquez, quien plantea una valoración que considere la salud física, las emociones y el contexto de cada persona.
El especialista también identifica la vergüenza y las expectativas sobre la masculinidad como obstáculos para pedir ayuda. Esperar a que el problema sea severo puede retrasar tanto la atención sexual como la identificación de otras condiciones.
La conversación sobre ansiedad no implica que el malestar sea imaginario, del mismo modo que encontrar una enfermedad física no elimina el impacto emocional que puede acompañarla.
¿Qué realiza el médico durante una consulta por disfunción eréctil?
La consulta incluye preguntas sobre cuándo comenzó el problema, su frecuencia, antecedentes médicos y medicamentos o suplementos utilizados. También considera el deseo sexual, la salud emocional y una exploración física.
Según los hallazgos, pueden solicitarse análisis u otros estudios. No todas las personas necesitan las mismas pruebas: la evaluación busca identificar posibles causas vasculares, nerviosas, hormonales o relacionadas con tratamientos.
Si las dificultades se repiten o generan preocupación, conviene consultar. Algunos medicamentos pueden influir en la erección, pero no deben suspenderse por cuenta propia; el profesional puede valorar alternativas.
El sildenafil y otros medicamentos pueden formar parte del tratamiento, pero mejorar una erección no permite saber qué originó el problema.
"Por eso la pastillita no es solo la opción o no es la única opción", resume Velázquez.
Además, requiere revisar antecedentes e interacciones. El sildenafil no debe combinarse con nitratos utilizados para ciertas enfermedades cardíacas ni con sustancias conocidas como poppers, por el riesgo de una caída peligrosa de la presión arterial. Una erección que dura más de cuatro horas requiere atención de urgencia.
Consultar permite atender la vida sexual y, al mismo tiempo, revisar condiciones que podrían estar pasando inadvertidas. La dificultad para conseguir una erección merece atención médica sin convertirla en una medida de masculinidad.