En Europa se produce más leche con menos vacas gracias a una profunda transformación que ha afectado al campo en las últimas dos décadas. Las explotaciones de la Unión Europea hoy producen 33 millones de litros diarios de leche adicional en comparación con hace veinte años, con solo cuatro millones de vacas menos. Esta tendencia se observa en prácticamente todos los países comunitarios y se atribuye principalmente al aumento de la productividad de los animales. El mérito no se limita a las vacas ni a los avances en genética, sino que también incluye avances en alimentación, bienestar animal, sistemas de ordeño y manejo. La tecnología ha jugado un papel crucial en este proceso.
Entre los países, España se destaca, con Galicia como motor lácteo. Es el cuarto Estado miembro de la UE con las vacas más productivas, avanzando tres posiciones en las últimas dos décadas. En 2004, la producción media por vaca era de 6.200 kilogramos al año, mientras que ahora se acerca al podio con casi 10.000 kilogramos. Solo se sitúa por detrás de Dinamarca, Finlandia y Estonia, cuyos rendimientos se sitúan entre los 10.200 y los 10.500 kilogramos por animal. La distancia con estos países es relativamente pequeña, lo que indica un progreso significativo.
La productividad por vaca en España ha aumentado un 58% en este tiempo, por encima del crecimiento promedio de la UE, y esto se ha conseguido pese a perder unas 244.000 vacas lecheras desde 2005. Galicia, con el 42% de la producción nacional (y subiendo), tiene más de la mitad de las explotaciones lácteas españolas (56%) y se consolida como la novena región productora de leche del viejo continente. Sin embargo, tener las vacas más productivas no significa necesariamente ser el país que más leche produce. Alemania, Francia y Polonia, seguidas de Países Bajos e Italia, lideran la producción de leche de vaca en la UE.
Alemania, por ejemplo, produce unos 33 millones de toneladas anuales, más de cuatro veces el volumen de España, a pesar de tener un rendimiento por vaca inferior. Este ejemplo muestra que el tamaño de las cabañas ganaderas juega un papel crucial. El rendimiento de las vacas también depende de factores como la raza, la mejora genética, la alimentación, el clima y el modelo de producción. Los sistemas intensivos permiten controlar mejor las raciones, las instalaciones y el confort de los animales, favoreciendo rendimientos individuales elevados. En cambio, los modelos basados en el pastoreo dependen más de la disponibilidad y calidad de la hierba y suelen presentar una producción más estacional, aunque también pueden tener ventajas en los costes de alimentación. El ensilado de maíz, por su elevado aporte energético, es otro de los aliados de las explotaciones de alta producción, mientras que el estrés por calor puede mermar notablemente los rendimientos.
Más leche por vaca no implica producir más que otros países ni ser más rentable. Los modelos ganaderos marcan diferencias en aspectos como la profesionalización y la rentabilidad. Irlanda es un ejemplo representativo, con vacas que producen de media unos 5.800 kilogramos de leche al año, muy por debajo de los casi 10.000 de España, pero con un modelo ganadero que se apoya en el aprovechamiento de los pastos, lo que permite contener determinados costes y mantener un modelo competitivo pese a obtener menos leche por animal. Además, Irlanda ha incrementado su número de vacas lecheras casi un 49% desde 2005, hasta alcanzar cerca de 1,5 millones.