Hasta hace apenas una semana, el Museo del Diseño de Gante se encontraba en una colección de edificios clásicos de arquitectura flamenca, entre ellos el antiguo Hotel De Coninck. Los más de 450 objetos, seleccionados de una colección total de 24.000 piezas que abarcan desde el siglo XIII hasta la actualidad, ocupaban su espacio natural en estas estructuras históricas. Ahora, con la inauguración de la nueva ala, el museo ha transformado su espacio para convertirse en un lugar propicio para el diálogo y la reflexión, según Katrien Laporte, la directora saliente encargada de supervisar todo el proceso de obras.
Los estudios de arquitectura Carmody Groarke, ATAMA y RE-ST han sido los responsables de que innovación e historia coexistan en este proyecto. Carmody Groarke y ATAMA se encargaron de la renovación del nuevo ala de seis plantas y la accesibilidad total del museo. RE-ST, por su parte, se encargó de la restauración de los edificios antiguos, cuyos orígenes datan entre los siglos XVI y XX, sin romper la armonía del casco histórico de Gante.
Los muros exteriores del nuevo ala han sido reimaginados con un clásico ladrillo color arcilla endurecido con cal y fabricado a partir de residuos de construcción locales, pintado de blanco. Este material, junto con elementos únicos como los Gent Waste Brick, han sido protagonistas en la renovación. La puerta de entrada principal, impresa en aluminio con una impresora 3D por Unfold, y las cortinas acústicas de la sala de conferencias de Chevalier-Masson, ambas de estudios belgas, son ejemplos de estas innovaciones.
La madera, a pesar de ser un material problemático en la historia de la ciudad debido a numerosos incendios, ahora ocupa un lugar central en el nuevo diseño. Cada habitación del museo tiene alguna característica especial, permitiendo que el edificio se convierta en un espacio que almacena objetos y también sirva para disfrutar de la ciudad. La invitación es subir hasta la última planta, donde se puede acceder de forma gratuita para disfrutar de las magníficas vistas.
El nuevo ala del museo se divide en diferentes espacios con nombres como Atelier, Vitrine y Forum, que designan a la sala de talleres, la de exposiciones temporales y la de conferencias. El Atelier es especialmente importante, ya que alberga las actividades que conectan el museo con el resto de la ciudad. “En vez de aislar la educación en los sótanos, como ocurre en otros museos, aquí ocupa habitaciones centrales”, comentan los arquitectos.
Aproximadamente 500 objetos, con orígenes comprendidos entre el siglo XIV y la actualidad, pertenecientes a diseñadores y estudios belgas, tanto dentro como fuera del país, ocupan el espacio expositivo. La primera exposición, “Objetos del pasado para el futuro”, se divide en cinco categorías, repartidas en dos plantas, presentando diferentes objetos que van desde textiles, piezas decorativas, lámparas, alfombras, esculturas y pequeños electrodomésticos a grandes muebles como sofás, sillas, tocadores, biombos y mesas. El espacio expositivo también presenta una mezcla de materiales de última generación, como el acero industrial, con otros tradicionales, como el yeso aplicado de forma manual.
La segunda exposición, “Studio Digitaal”, se encuentra en el salón Luis XVI, donde se creó el museo hace más de 100 años, en una paradoja entre pasado y futuro. Se compone de varios carros con pantallas táctiles que permiten al visitante indagar en la colección de modelos del museo e interactuar con ella, planteando preguntas sobre el papel del diseño digital hoy en día y la forma en que nos comunicamos con él. Además, el visitante puede interactuar con los objetos, estableciendo diferentes relaciones entre ellos y eligiendo sus favoritos.
Una de las exposiciones temporales es “Public Matter(s): Diseño en Democracia”, que explora cómo el diseño puede ser o no democrático, indagando en movimientos sociales como el 15M español, con una pequeña maqueta, y cómo la ciudadanía se siente representada (o no). La participación del museo en una reunión de 40 ganteses para debatir sobre el sector del diseño y su relación con los locales es un ejemplo de democracia.
Para conmemorar la reapertura, el Museo del Diseño de Gante celebró el Design Fest, una serie de actividades, talleres y charlas durante una semana, que contó con la participación de 200 comercios locales especializados en moda, restauración y diseño. Astrid De Brycker, Concejal de Progreso Social, Salud, Política de la Tercera Edad y Cultura de Gante, explicó que el festival fue creado por diseñadores locales, se expande por la ciudad, y sirve como un intermediario entre diferentes sectores y la ciudad con el mundo.