La combinación de pérdida de masa muscular y acumulación de grasa puede llevar a la obesidad sarcopénica, una condición que afecta la movilidad y la calidad de vida, además de estar asociada a problemas como resistencia a la insulina, hipertensión y alto colesterol. A pesar de su frecuencia, sigue siendo poco conocida. Según un informe de 2012, la prevalencia de obesidad sarcopénica en hombres de 65 a 70 años fue del 27.4%, y en mujeres del 48.5%.
Los cambios hormonales durante el climaterio pueden modificar el apetito, alterar el descanso y reducir la energía para mantenerse activa, lo que a menudo se refleja en la báscula. Sin embargo, la pérdida de masa muscular puede convertirse en otro de los cambios que acompañan esta etapa, según el Dr. David Montalvo Castro, médico bariatra y especialista en medicina cannábica.
La obesidad sarcopénica es un fenómeno que no siempre se refleja en el peso. Una mujer puede notar cambios en su cuerpo sin identificar que, además de la acumulación de grasa, existe una reducción progresiva de músculo. El cansancio y la falta de energía pueden formar parte de este proceso. Algunas mujeres experimentan síntomas que afectan su rutina y hacen más difícil mantener el mismo nivel de actividad física. Dormir mal, despertar sin sentir un descanso completo o vivir con otros malestares puede llevar a reducir el movimiento cotidiano.
“Puede haber una disminución de la energía disponible, por ejemplo, para la actividad física. Entonces, el disminuir la actividad física junto con la tendencia natural a la sarcopenia puede hacer que esta mujer tenga un importante deterioro de la masa muscular”, señala Montalvo.
El sueño también puede jugar un papel importante en este cambio. El insomnio es uno de los síntomas frecuentes durante esta etapa y no siempre se limita a pasar una noche sin dormir. Algunas mujeres logran conciliar el sueño, pero no siempre alcanzan un descanso profundo y despiertan con la sensación de seguir cansadas.
En esas condiciones, mantener una rutina de ejercicio puede resultar más complicado. Si a esto se agregan dolores musculares, molestias en las articulaciones u otros problemas de salud que comienzan a hacerse más evidentes, la actividad física puede disminuir todavía más.
La alimentación tampoco permanece al margen. El apetito durante el climaterio puede ser diferente y estar fuertemente influenciado por el estado emocional. Durante este período, los cambios de ánimo, tristeza, irritabilidad, ansiedad o una mayor sensibilidad emocional pueden modificar la relación con la comida y aumentar el consumo de carbohidratos, que ofrecen una sensación momentánea de confort. Sin embargo, esa sensación suele ser temporal y puede llevar a la acumulación de grasa.
La obesidad sarcopénica puede ser un problema de salud, a pesar de ser muy frecuente. En el 2012 se reportó una prevalencia del 27.4% para varones y del 48.5% para mujeres, ambos entre los 65 y 70 años de edad. La prevalencia actual se considera mayor, ya que el número de adultos mayores en México ha aumentado considerablemente en los últimos 10 años.
La obesidad sarcopénica puede presentarse en mujeres que experimentan un aumento de peso durante la menopausia, pero también en aquellas que pierden peso de forma espontánea. Cada mujer vive la menopausia de manera diferente, y la transición puede afectar la masa muscular y la capacidad para mantenerse activa.
La alimentación es parte del proceso. Montalvo señala que las necesidades nutricionales cambian a lo largo de la vida y que una mujer que atraviesa la menopausia no requiere necesariamente lo mismo que durante otras etapas. Entre los nutrientes que menciona se encuentran el calcio, necesario para el cuidado de los huesos, y las proteínas, esenciales para contribuir al mantenimiento de los músculos.
La recomendación es no intentar resolver estos cambios únicamente reduciendo la cantidad de comida o persiguiendo una cifra determinada en la báscula. La alimentación durante la menopausia requiere considerar los cambios que ya está experimentando el organismo y buscar orientación para hacer ajustes de acuerdo con cada caso. El manejo debe ser siempre personalizado y dirigido por un médico bariatra experimentado.
La menopausia representa una nueva etapa y el cuerpo cambia con ella. Por eso, cuidar el peso puede ser importante, pero conservar músculo, mantenerse activa y adaptar la alimentación a las nuevas necesidades puede resultar igual de relevante. “Los cambios que ya ocurrieron van a continuar porque ya cambió su vida”, señala Montalvo. Por ello, considera necesario que la alimentación se ajuste a esta nueva etapa y que cada mujer reciba orientación de acuerdo con sus propias necesidades.